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¿Soy yo también narcisista?

  ¿Soy yo también narcisista? Sobre la duda, la relación y el arte de vivir bien No es fácil vivir con un narcisista. Pero a menudo resulta aún más difícil la pregunta que aparece después —en silencio, sin dramatismo, pero con un peso enorme—: ¿soy yo también narcisista? Esta pregunta no nace de la vanidad ni del deseo de sentirse especial. Nace del agotamiento. De vivir durante mucho tiempo en una relación en la que tu experiencia ha sido constantemente cuestionada, relativizada, diluida. Donde cada vez resulta más difícil distinguir qué es realmente tu reacción y qué es una narración ajena impuesta sobre ti. Todo comienza casi imperceptiblemente. Con un instante de vacilación. Con el momento en que algo que antes parecía evidente deja de serlo. La persona se da cuenta de que ya no está segura de lo que ve, de lo que siente, de lo que piensa. De que sus reacciones ya no le ofrecen un punto de apoyo. De que el mundo —aunque se vea igual— ha perdido, de algún modo, su peso. Apar...

Cuando empiezo a dudar

  De la duda que hace tambalear el suelo bajo los pies Suele comenzar de manera casi imperceptible. Con un momento de vacilación. Con el instante en que algo que hasta entonces parecía evidente deja de serlo. La persona se da cuenta de que ya no está segura de lo que ve, de lo que siente, de lo que piensa. De que sus reacciones ya no le ofrecen un punto de apoyo. De que el mundo —aunque se vea igual— ha perdido de algún modo su peso. Aparece una pregunta que duele más que cualquier síntoma concreto: «¿Y si ya no puedo confiar en la manera en que experimento la realidad?» Esto no es todavía una pérdida de contacto con lo real. No es locura. Es el momento en que se resquebraja algo muy delicado y, al mismo tiempo, fundamental: la confianza en las propias capacidades cognitivas. La confianza en que lo que vivo tiene derecho a ser un punto de referencia. En que puedo apoyarme en mí mismo. En terapia, encuentro personas que dicen: «Sé que siento algo, pero no sé si es real»...

Un filósofo en terapia

  La terapia a través de la filosofía ¿Puede la filosofía ser una forma de terapia? Esta pregunta suele regresar cuando las respuestas simples dejan de funcionar. Cuando las conversaciones ya no traen alivio y las estrategias conocidas para afrontar la realidad empiezan a resquebrajarse. En esos momentos aparece la intuición de que el problema no se limita a las emociones o a los “síntomas”, sino que toca algo más profundo: el sentido. Vamos a terapia porque sufrimos. Porque algo se ha roto, o quizá nunca fue estable. Sentimos que hay un problema y queremos salir de él. Pero muy pronto descubrimos que lo que más duele no siempre es fácil de nombrar. No es solo ansiedad, tristeza o tensión. Es la pregunta que vuelve una y otra vez: ¿por qué? ¿Por qué estoy pasando por esto? ¿Por qué seguir intentándolo? ¿Por qué mantener relaciones que hieren, o un trabajo que no ofrece ningún sentido? ¿Por qué vivir de una manera que cada vez se parece menos a vivir? Buscamos sentido. A veces...